Pesadillas

 

De niño tenía las peores pesadillas. Mi madre solía contemplarme asustada, mientras mi pequeño cuerpo se retorcía y gritaba; sólo para despertarme cubierto de sudor y confundido, buscando su abrazo.

Las pesadillas van y vienen por temporadas, nunca permanecen. Soy uno de los pocos casos entre mis conocidos que tiene un muy buen sueño, no sufro de insomnio y duermo buenas horas (entre 7 y 8). Por mi horario de trabajo me acostumbré a acostarme temprano y despertarme temprano, aún los fines de semana mi cuerpo responde a esa costumbre.

Pero últimamente las pesadillas volvieron. Llevo dos semanas enfermo y con una tos del infierno, me levanto en la madrugada con ataques de tos, si logro controlarlos y volver a dormir es muy probable que tenga pesadillas. Haciendo de esas noches algo no muy grato.

Una de esas pesadillas consistía en que yo no tenía un esqueleto. Estaba tratando de dormir en mi cama y no lo conseguía, entonces, de manera violenta entraba mi Roomie al cuarto y se ponía a buscar frenéticamente algo en uno de los cajones de mi recámara. Yo saltaba de la cama molesto y al instante de poner un pie en el suelo, perdía mi esqueleto y me transformaba en una plasta de carne. Gemía de dolor y terror, mi Roomie me observaba aterrado pero sus manos seguían buscando ese “algo” en el cajón. Avanzaba cómo una plasta gelatinosa, retorciéndome en el suelo, lo sentía todo: como mis pulmones se aplastaban mutuamente, mis tripas se revolvían y mi corazón latía rápidamente amenazando con detenerse, mis ojos se hundían en mi cara gelatinosa y mi boca, junto con mis labios, se derretían en el suelo sin mencionar que mi cerebro aplastaba todo lo que se encontraba en el resto de mi cabeza.

Dolía, dolía mucho. Algo más pasaba fuera, en el pasillo que da a mí cuarto; se escuchaban gritos y alcanzaba a ver sombras, pero no distinguía de quien se trataban. Mi Roomie encontró lo que buscaba y salió del cuarto aterrado, los gritos continuaron, las sombras del pasillo danzaban con mucha violencia. De repente la luz se extinguió junto con los gritos, yo seguía siendo esa plasta de piel y órganos en el suelo, sentía que algo venía por mí, se aproximaba, pero no podía huir, era una plasta de carne. La pesadilla terminó y yo desperté sudando y tosiendo.

Recordé cuando era niño y tenía las peores pesadillas, pesadillas en las cuales, según recuerdo, algo me perseguía y yo no podía escapar. Lo que me perseguía cambiaba de forma, pero de eso ya hablaré en otra ocasión. De momento no espero que las pesadillas se vayan pronto, pero por lo menos sí esta maldita tos infernal.

Posted in Sueños | Tagged , | Leave a comment

Una tumba y un gato que observa

El otro día escribí este cuento, pero creo que este es el lugar correcto para que se quede.

 

La lluvia no dejaba de caer, era implacable y parecía como si castigara aquellas dos figuras en medio de aquel viejo cementerio.

Un gato negro se había colocado encima de la tumba, no le importaba la fría lluvia. Sus amarillos ojos se clavaron en aquel par de hombres desde que empezaron a cavar, los tenía muy nerviosos. Ambos se preguntaban: ¿por qué el animal no se largaba?

Incluso uno de ellos intentó ahuyentarlo con la pala, pero fue inútil, el animal regresó en cuestión de segundos a su lugar, encima de aquella vieja tumba. El único testigo de lo que esos dos hombres hacían esa noche.

Cavaron y cavaron, a pesar de la lluvia, a pesar del gato negro y sus ojos amarillos. Cavaron y cavaron, a pesar de la noche, a pesar de que ellos sabían que cavaban la tumba de un hombre que en vida fue bueno. Ambos lo conocieron, ambos sabían que se trataba de un hombre rico.

“De seguro el traje con el cual lo sepultaron valdrá lo suficiente para pagar prostitutas y vino durante un par de días” es lo que pensaba uno.

“Joyas, lo debieron enterrar con alguna joya, sí, estoy seguro. Esta gente rica es absurda hasta con sus muertos” pensaba el otro.

El gato no se movía, tampoco la lluvia cesaba. Tocaron fondo, el ataúd estaba frente a ellos.

Uno de los hombres entró al agujero, el otro esperaba ansioso sosteniendo las dos palas, las herramientas de aquel crimen.

El que estaba abajo forcejeó un poco con el ataúd, este se notaba de buena calidad, pero estaba muy bien cerrado. El que estaba fuera del agujero comenzó a gritarle que se apurara, que no tenían tiempo que perder.

El ataúd cedió y se abrió. No había nada, no había cadáver, no había traje, no había joyas. Sólo oscuridad. Entonces el gato maulló y atrajo los truenos. El sujeto que abrió el ataúd notó algo en la oscuridad del sepulcro, algo que se movía e iba rápidamente por él, emitió un grito que silenció a la tormenta que los acosaba, el hombre fue jalado a la oscuridad de ese ataúd. El otro se llenó de horror y se mordió tan fuerte los dientes, que las encías comenzaron a sangrarle. Corrió, corrió lejos del gato, corrió lejos de las tumbas, lejos de los muertos, lejos de aquella oscuridad liberada de ese ataúd.

Sus ojos se iluminaron cuando estuvo a punto de llegar a la salida de aquel cementerio, sería libre, podría escapar, viviría por siempre aterrado de la oscuridad, pero viviría. O eso es lo que él pensaba.

Algo lo tomó de las piernas y tiró de él, algo con las manos heladas lo arrastró de vuelta a través del cementerio, algo lo regresaba al lugar de su crimen. El hombre chillaba y gritaba, el cielo se reía de él con sus estruendos y apagaba sus gritos.

La oscuridad lo atrapó junto con su compañero, los encerró a ambos dentro de ese ataúd, ese mismo ataúd que se cerró para siempre después de que aquel hombre emitiera su último grito pidiendo misericordia.

El gato encima de la tumba contemplo y fue testigo, luego se marchó junto con la lluvia.

Nadie volvió a ver a ese par de hombres, pero si vieron a un gato rondar por aquella tumba que encontraron abierta a la mañana siguiente. Nadie pudo abrir el ataúd, estaba completamente sellado.

El gato negro de ojos amarillos volvió a maullar y fue todo.

Posted in Cuento | Tagged , , , | Leave a comment

¿Por qué volver?

 

La razón más valida que encuentro es la nostalgia por el pasado (sí, creo que hay varios tipos de nostalgia), ese pequeño fantasma que constantemente nos esta insinuando que todo tiempo pasado fue mejor, el presente apesta y hay que sentirse un tanto miserables por todo lo actual.

Este blog, mí blog, lleva abandonado desde 2012. Hoy cuatro años después hago una entrada.

¿Nostalgia entonces? Si, puede que sí. Eso y el retomar la escritura; para practicar, para darle significado a las palabras y al verbo “escribir”, para encontrar razones y para que lo lean a uno (razón universal del escritor o por lo menos una de las primarías).

Una novela después y en planes de varías más, aquí estoy de nuevo, es raro lo voy a admitir.

También admito que las viejas entradas (en especial las más antiguas) me dan algo de pena. Y estuve a punto de hacer una limpia y comenzar casi desde cero, se me hizo una grosería para conmigo mismo. Es cierto, las entradas viejas no son del todo buenas, no están bien redactadas y la ortografía es un desastre (lo siguen siendo, pero no al mismo nivel…quiero pensar) pero, es una estampa mía, quizá fea, pero estampa de quien fui y soy a final de cuentas.

Una vez en sesión con mi psicólogo hablábamos de por qué algunas personas guardan recuerdos dolorosos.

Me dijo:

“Algunos lo hacen para recordarles que ya no están tan jodidos, se vuelve un trofeo, por ejemplo: Aquel gordito que ya no es gordito, guarda sus pantalones talla 40 en su closet, ya no los necesita, pero de vez en cuando los saca y se los prueba, sólo para recordarse algo a sí mismo, donde estuvo, pero más importante donde ya no está ahora. Es un trofeo, un recuerdo de lo que no se tiene que olvidar”.

Mi psicólogo le atino aquel día y aunque hoy dentro del contexto del blog es algo quizá exagerado mi ejemplo, tiene algo de sentido. Aunque se me doble el estómago a veces, me gusta leer las entradas viejas y recordarme quien era, quien soy y quien puedo llegar a ser. Por lo menos en este asunto de las palabras.

Así es que, hola de nuevo cuarto negro.

Posted in Opinión | Tagged , | 4 Comments

Farkas

La noche los crea y les da forma

La luna los bendice con pequeños y delicados besos cuando nacen

Corren cuando el camino esta frio, casi helado, muchas veces muerto

Retrataros, pinturas, cuentos, leyendas, mitos

Símbolos en escudos o en la piel

Bestias con hocicos llenos de sangre y con aliento a carne cruda

Niños que quieren ser amigos de homicidas

Representando vacios llenos de luciérnagas

Sin embargo, solo corren con los que olvidaron su nombre

Con los que viajan solo de noche

Con los que no despejan la mirada del suelo

Y solo ven las estrellas para conocerlas y despedirse de ellas

Corren porque olvidaron su nombre

 Y los de cuatro patas corren con ellos, porque la que los bendijo así lo quiso

Posted in Cuento | Tagged | Leave a comment

Ni vivo, ni muerto…

Llevo tanto tiempo abandonado aquí que parte del musgo y vegetación de este maldito pantano se han introducido a mi cuerpo. Sé que no estoy vivo pero tampoco puedo decir que estoy muerto, también estoy perfectamente convencido que este no es el infierno, esto no es ninguna clase de castigo, sino más bien una serie de eventos tristemente desafortunados.

Tanto tiempo ha pasado que no recuerdo como es mi cara, me arrastro por las noches- que es cuando mas energía tengo-, por el día me es imposible hacerlo ya que es tortuosamente doloroso. Los días en los que no tenía que arrastrarme, en los que no tenía musgo por todo mi cuerpo, quedaron en el maldito vacio de mi memoria y el tiempo. No puedo ni siquiera recordar mi nombre, es más, no recuerdo si algún día tuve uno. Lo único que puedo asegurar, es que tiempo atrás fui un hombre, ahora no soy ni siquiera un fantasma, ¿que soy?.

Continue reading

Posted in Cuento | Tagged , , , | 1 Comment

Knajo vak

Knajo vak solo recuerda su nombre

no recuerda si un día también fue hombre.

Knajo vak vive debajo de donde pisan los hombres

dentro de túneles oscuros y repulsivos, tal como nuestro peculiar amigo.

Se agacha, se desliza, se mueve por todos ellos, escurridizo el muy pequeño

Knajo vak mide lo de un niño de 7 años, mas no es ningún pequeño crio

Sin oídos, sin nariz, con solo dos grandes perlas negras como ojos que lo guíen en su macabro arrojo

Continue reading

Posted in Cuento | Leave a comment

El closet de la puerta corrediza…

Hay cosas que siempre lo acompañaran a uno, sea por elección o por otras circunstancias

Desde que yo era muy pequeño siempre tuve que compartir el cuarto con mi hermano, estuve así hasta los 11 años, inclusive llegamos a tener una litera, yo tenía la cama de arriba obviamente. Cuando mi padre libero uno de los cuartos extras que teníamos en la casa de todas sus cosas (libros, libreros, cuadros y otras cosas que no me interesaban en ese entonces) pudimos tener cada quien un cuarto por separado. Yo tome el nuevo cuarto, el cual tenía un enorme closet con unas puertas corredizas, estas puertas ya estaban algo viejas y se trababan un poco al querer abrirlas, aun así se me pareció un inconveniente sin importancia, estaba emocionado por tener un cuarto para mí solo.

La primera noche me la pase viendo televisión en los canales que deseaba, puesto que ya no estaba mi hermano para pedirme que la apagara o para que cambiara el canal a algo de su preferencia. Pasaron las 12 de la noche y yo seguía despierto, viendo películas y caricaturas, cuando me gire un poco para tomar el vaso de agua que tenía en el buro de a un lado, pude ver que el closet no estaba bien cerrado, se encontraba un poco abierto y se alcanzaban a ver unos pantalones colgados junto con unas camisas, no le di importancia y me dije que luego tendría que pedirle ayuda a mi padre para arreglar esas puertas corredizas, no fue sino hasta que baje un poco la mirada que vi algo extraño, era una sombra pequeña, como la de un niño. Al principio me espante de sobremanera, tanto que casi tiro toda el agua en la alfombra, mi atención ya no estaba en las caricaturas ni en las películas que proyectaba la caja luminosa, estaba en esa figura infantil que me observaba, atenta y curiosa dentro del closet de mi cuarto.

Continue reading

Posted in Cuento | Tagged | Leave a comment