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Autor: D.Schneider

Ella y los fantasmas

Ella y los fantasmas

Ella jugueteaba con fantasmas desde su ventana; estos eran pequeños y le coqueteaban, susurraban suspiros fríos que se perdían en la oscuridad. Fantasmas invocados en una noche sin estrellas, guiados por una ceguera constante, casi agobiante. Ella a través de su ventana se corrompía, de vez en cuando una probada al vacío, de vez en cuando un pensamiento al olvido. La lluvia golpeaba la ventana, la invitaba a salir, a desnudarse y a correr descalza; a recordar cuando niña y…

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Afuera de mi ventana

Afuera de mi ventana

Pasan las dos de la mañana y hay un monstruo afuera de mi ventana. Es delgado, parece de madera, se encuentra todo astillado. Es muy alto y cuelga desde la azotea con una mano y con la otra con sus dedos afilados y puntiagudos golpea gentilmente el cristal de mi ventana. Quiere que lo deje entrar, quiere charlar o quizá jugar.  Cuando lo ignoro es cuando se pone a cantar. Canta sobre el tiempo que se vuelve una bestia que…

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El tiempo, las historias y un lobo

El tiempo, las historias y un lobo

Últimamente me ha dado por cuestionar un poco más a mis alumnos acerca de sus historias, sobre: El por qué escriben. ¿Cuál es el propósito de hacerlo? Un burdo y simple: ¿para qué? En consecuencia, yo me he tenido que hacer está pregunta y en ocasiones —para el alumno realmente curioso y preguntón— responder a la interrogante. Escribo o me gusta escribir —desde una trinchera la cual muchos verán cursi o quizá ridícula— porque quiero enfermar al otro de nostalgia,…

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El sueño de ceniza de los peregrinos

El sueño de ceniza de los peregrinos

Dicen que ocurrió una noche en que la luna estaba ausente y el viento fue tímido, una noche en que las estrellas atestiguaron y brillaron hasta casi quemarse. Cinco peregrinos venían de lugares lejanos y muy distintos. Uno venía del mar. Cargaba con él un saco de huesos. Otro venía del bosque, cargaba con un par de ojos. De las montañas nevadas venía uno. Él cargaba con un frasco lleno de sangre. Del desierto venía otro que llevaba un gran…

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Ahora tengo un gato

Ahora tengo un gato

Es raro tener un gato, principalmente porque nunca había tenido uno. Pero me adelanto un poco, es una gata y se llama Dalia. Se tardó un rato en tener un nombre, entonces se le llamaba con ruidos y sonidos ridículos. ¿Qué se hace con un gato? Dalia vivió sus primeros dos meses fuera, más específicamente en el árbol de la banqueta de mi casa. En ese entonces era mejor conocida como “el pinche gato que ronda la casa y maúlla…

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Mis amigos

Mis amigos

Escrito hace poco más de un año, regado por ahí pudo encontrar su camino al cuarto.    Mis amigos escuchan susurros huecos provenientes de tumbas abandonadas. Se sacaron los ojos y en las cuencas vacías pusieron piedras. Se fueron con la niebla que se esconde detrás de la luna. Algo se alojó detrás de sus oídos, algo que hizo un nido, algo que rapta sin hacer ruido. Se la pasan cazando cuervos de papel ceniza en días en los que…

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Los lobos y el mar

Los lobos y el mar

En lo más profundo del valle, donde la nieve lo cubre todo y el viento teme llegar, se celebra un aquelarre. Las brujas cantan con voces chillonas, se enteraron que las seis estrellas se extinguieron, las brujas bailan con los pies desnudos en el aire. Se les negó el suelo hace mucho tiempo, pero esta noche no les importa. Es una noche para celebrar y olvidar maldiciones. Ellas saben algo que los demás no, algo sobre las seis estrellas y…

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Es difícil cuando olvidamos nuestro nombre.

Es difícil cuando olvidamos nuestro nombre.

Todos olvidamos en algún momento nuestro nombre. Unos lo olvidan durante algunas semanas o quizá meses, otros durante años, pero los más desafortunados lo olvidan durante toda su vida. Olvidamos nuestro nombre en la nieve o por lo menos así me ha pasado a mí. Fue durante una tormenta en un valle rodeado por montañas, en donde ver el cielo era una tarea imposible. He escuchado de otros que lo han olvidado en el fuego o un río y algunos…

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El fantasma de Karla

El fantasma de Karla

El fantasma de Karla lleva mucho tiempo en esta casa, tanto, que no recuerda en dónde queda el techo ni dónde el suelo. La vida o lo que fue su vida la recuerda como un sueño y tal como uno recuerda un sueño este llega en fragmentos, que vienen y van, tal cual lo hace la corriente del mar. Ella arma esos pequeños fragmentos: evoca la primera vez que comió un pastel de niña junto aquella ocasión que vio el…

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La mujer de la tercera casa

La mujer de la tercera casa

Bien, pues era este tipo que entraba a las casas abandonadas y dormía en ellas, sí un vago pues y creo que tenía unos 60 años, sí lo sé estaba viejo. Su nombre no lo recuerdo, es mas, les puedo garantizar que ni siquiera él lo recuerda. El punto es que él solía entrar a las casas abandonadas y dormir en ellas; llevaba haciéndolo durante años y sólo en un par de ocasiones tuvo problemas serios, ya saben, drogadictos, otros…

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