Adiós Dahlia.

Adiós Dahlia.

Dahlia llegó un otoño del 2016, en ese entonces no sabía que se llamaría Dahlia y tampoco sabía que sería mi primer gato.

Mientras trabajaba en mi estudio, cuya gran ventana da a la calle y me permite escuchar a los autos pasar y estar al pendiente de las peleas de mi vecino con sus hijas, escuché a una gata maullar y pelearse con otros gatos de la calle. No le di importancia, pensé que era la nueva gata de algún vecino que hacía sus vagancias. El tiempo pasó y seguido escuchaba a Dahlia, que en ese tiempo no se llamaba Dahlia, hasta que un día me quedé observando por la ventana y me di cuenta de que aquella gata se había instalado en el árbol que se encuentra afuera de mi casa. Ahí vivió el resto del otoño, hasta casi entrado el invierno.

Y pasó lo que quizá fue inevitable. Le di un pequeño sobre de atún y se lo dejé en la cochera, luego le instalé una caja al lado de mi auto y entonces vivió en mi cochera, hasta que un día le abrí la puerta de mi casa. Pasó un poco de tiempo y David, mi roomie de aquel entonces, propuso que le dijéramos Dahlia .

Siempre me quedé con la incógnita: ¿De dónde había salido esa gata?

 Al llevarla al veterinario nos dijeron que al parecer ya tenía heridas de operación, era muy posible que fuera ya esterilizada.

¿De dónde escapó Dahlia ?

¿Por qué escaparía?

Hasta el día de hoy me pregunto eso, y suelo imaginar historias fantásticas de su escape y sus aventuras antes de llegar al árbol que se encuentra afuera de mi casa.

Dahlia era una cazadora, destrozaba aves y las esparcía por la cochera; su último baño de sangre fue sobre mi auto, descuartizó un ratón en el cofre de mi Bora color blanco, tripas y huellas de sangre impregnaban la escena. Ese día Dahlia vomito un par de veces.

Al abrir la puerta de mi casa, Dahlia ya estaba mirándome y corría emocionada a que le abriera la puerta de la terraza, puesto que ella identificaba la terraza como el lugar del chiqueo y las caricias, su manera de recibirme era que la acariciara durante unos minutos, no importaba lo cansado que estuviera siempre tenía tiempo para esa bola de pelo blanco.

Existe algo en los animales, algo que puede llegar a despertar la mejor parte de nosotros, algo que parece cubierto por un montón de cosas, algo que le apena asomarse y prefiere esconderse hasta casi parecer irreconocible, nuestra humanidad. Los animales pueden despertar muchas cosas buenas y casi extintas en nosotros, le debemos mucho a los animales, le debo mucho a Dalhia. Ella apareció justo en el momento en que muchas cosas en mi vida comenzarían a derrumbarse y darían pasó a una de las etapas más complicadas que he tenido que sobrellevar, etapa que aún no termina. Dalhia me enseñó a darle un resignificado al amor, concepto que ya tenía muy dañado. Me acompañó en días terribles, días alegres, días cansados y días en donde estaba asqueado de mí mismo. Siempre pidiéndome jamón a la hora de desayunar, siempre corriendo y trepando árboles, mirando curiosa y expectante a las aves que se atrevían a postrarse en la terraza.

Dalhia ya no está, murió.

Pero quiero pensar que en estos años que estuvo conmigo fue muy feliz, que la casa se convirtió en su parque de juegos, en su gran cama y su gran plato de comida que nunca se terminaba.

¿De qué lugar escapó Dalhia?

¿De dónde vino?

Esas preguntas ya no importan tanto.

Muchas gracias Dahlia, muchas gracias por haberme encontrado.

Te extrañare siempre, mi gata hermosa. Mi gordi.

Dahlia.

One thought on “Adiós Dahlia.

  1. Se llamaba Dahlia por una chamarra negra que tienes, esa de la banda que a mi no me gusta, pero también se llama Dahlia por que así como el nombre del asesino es un misterio, ella estaba llena de misterios.

    También me preguntaba de dónde llegó, y a veces me preguntaba también si esa casa, con sus árboles de nochebuena y sus fantasmas y ruidos no era más que una parada más en su camino.

    En un sentido sé que si fue una parada, pero sé, que así como los fantasmas y sus ruidos, ella seguirá descansando en esa fuente, rascando esas puertas y llenando de pelos esos muebles.

    Hasta siempre.

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