Ayer fui a un velorio, hoy a un funeral.

Ayer fui a un velorio, hoy a un funeral.

El ambiente era pesado en aquella pequeña habitación con varios sillones; a la entrada un mesero ofreciendo té, café y algunos pasteles de pequeño tamaño.

Entre aturdido, no sabía exactamente que hacer. Hice el protocolo, di abrazos, pésames, palabras que sabía no darían consuelo puesto que no me dieron consuelo a mí. Vi rostros que hace tiempo no veía, caras que cambiaron un poco. Me recordaron y yo los recordé a ellos.

Al acercarme al ataúd el suelo tembló, me sentí mareado, me atacó el vértigo. Lo vi reducido, pequeño y sabía que él ya no estaba ahí. El vértigo se fue, me sentí mas tranquilo. Salí a respirar un poco de aire, en el trayecto más abrazos, más pésames.

Afuera el aire era fresco, frió, pero había ruido. Un bar, un concurso de baile al lado de una funeraria. “¿Qué imbécil pone un bar al lado de una funeraria?” le dije a mi amigo que me acompañaba, quejarnos de eso nos dio tregua del dolor. Volví, un rato de platicas y recuerdos, un par de risas discretas, luego explicaciones y preguntas: “¿Qué pasó? Él estaba bien hace un par de meses atrás” Hacíamos conjeturas, pero nadie tenía nada. Me retire, prometimos juntarnos en situaciones más agradables.

Dormí temprano, dormí bien. Los días anteriores había tenido mínimo tres pesadillas por noche, despertaba empapado en sudor. En la mañana pasaron por mí, hablamos del trafico y la inseguridad, nos volvimos a quejar, para el trayecto funcionó. En la misa todo fue muy distinto.

Tenía ganas de romperme, pero lo evitaba. El padre insistió en los planes de dios fácil 4 veces durante su sermón, me irrite. Tal cual niño me enojé, me quitó a mi amigo y ahora todos estábamos justificándolo. Lo ignoré, tenía que comportarme. Me puse de pie cuando se me pidió, me hinqué y di el saludo de la paz.

Poco a poco el sermón se perdió, de manera violenta los recuerdos comenzaron a galopar, no los pude controlar. Risas, juegos, borracheras, saludos, gritos, discusiones, bromas, escapadas. Fue demasiado, es demasiado.

Al final más abrazos, pero estos fueron distintos. Estos fueron los más difíciles, las piernas me temblaban, amenazaban con no responder. Las lagrimas escaparon, ya no me importó el control.

Mi vista se perdió en el cielo, salió el sol, las nubes se retiraron. Quería empujarlo lejos, empujar el cielo lejos.

Pensé que no podía hacer mucho, lejos de los abrazos, los pésames y estar. Pero necesitaba refugió de mi mismo, de la disociación de los protocolos, de los recuerdos.

Fue entonces cuando comencé a escribir acerca de que ayer fui a un velorio y hoy a un funeral.

Buen viaje Miguel, sin tu risa y alegría este lugar se volvió un poco más oscuro.

 

3 thoughts on “Ayer fui a un velorio, hoy a un funeral.

  1. Migue sin duda está descansando. Es triste y duele saber que no está mas aquí y no podremos volver a abrazarlo, pero seguramente su recuerdo algún dia (no hoy, ni los próximos) te hará sonreir. Te quiero y se que siempre fuiste un gran amigo para él. =*

  2. Sabemos que somos finitos, la vida no nos engaña nunca con eso, nos podrá engañar de mil maneras, rompernos el corazón y el alma con crueles fantasías, pero con esto no nos engaña… y por eso es que duele tanto.

    Ahora a Miguel ya no le duele nada, y ahora, en los recuerdos y las anécdotas, en que no lo olviden las personas que lo quieren seguirá estando, de un modo u otro Miguel continuará haciéndonos reír.

    Sé que no era mi amigo cercano, sé que solo es alguien con quien algunas veces me crucé, pero fue suficiente para conocer su capacidad de hacer que todos sonrieran y para mi, siempre será el mejor intérprete en el mundo de esa bella canción de Andrew Lloyd Webber.

    Un abrazo.

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