10:14

10:14

Cuento escrito hace algunos años. Editado y actualizado con algunas ideas nuevas.

 

Eran las 10:14 de la noche. Había llegado a casa después de tener un día terrible, las cosas no estaban del todo bien por aquella época; ya saben, problemas en el trabajo, con la mujer, con los amigos, con uno mismo. Al momento de cerrar la puerta en lo único que podía pensar era en dormir ya que al día siguiente tenía que levantarme obscenamente temprano por mi trabajo. Necesitaba acumular horas de sueño.

Al llegar me di cuenta de que estaba solo, ni un solo ruido y las luces estaban apagadas. Mi roomie no estaba en casa, no me extrañaba, él llegaba por lo general pasando la medianoche después de ir con su novia. Tomé un vaso con agua y subí a mi cuarto absorto en mis pensamientos sobre los pendientes. Coloqué mi cabeza en la almohada a las 10:37 de la noche.

Fue a las 12:23 cuando el sonido de la puerta principal me despertó, luego escuche pasos en la escalera junto con el abrir y cerrar de la puerta de la habitación de al lado. Mi roomie había llegado y para mi mala suerte había interrumpido mis escasas horas de sueño, recuerdo que volví a conciliar el sueño a las 12:56.

A las 2:33 de la madrugada escuche como se abría nuevamente la puerta de al lado, luego, unos apresurados pasos en dirección al baño, minutos después esos mismos pasos se escucharon de regreso a la habitación junto con el sonido de la puerta al cerrarse. Comencé a molestarme, él estaba siendo particularmente molesto esa noche, por lo general no es así, trata de tener cuidado y no hacer tanto ruido, sabe que despierto muy temprano.

3:09 de la mañana y era el sonido de la puerta nuevamente, ahora los pasos bajaban por la escalera y se dirigían a la cocina, escuche el refrigerador abrirse y el azote de la puerta del mismo, ya no estaba molesto estaba encabronado. Pasos de nuevo por la escalera, pero curiosamente estos se detuvieron a la mitad ¿habrá olvidado algo? Los pasos prosiguieron hacia la habitación, la puerta se abre y se cierra una vez más. La última vez que vi el reloj del despertador antes de quedarme dormido de nuevo eran las 3:27.

A las 4:03 no fue la puerta lo que escuche, pero si nuevamente pasos por el pasillo, estaba muy cansado y frustrado, sólo pensaba en lo poco que había dormido. Pensé en salir y pedirle que fuera más cuidadoso, pero el cuerpo no me respondía, además, no quería entablar una discusión que de seguro iba provocar momentos incómodos en la casa en lo que restaba de la semana. Escuche la puerta del baño abrirse varias veces, pasos por el pasillo nuevamente y por la escalera. Se me ocurrió entonces que quizá él estaba enfermo del estómago, si ese era el caso era mejor no hacer nada. Pero luego regresó a su cuarto, escuche que se abrían cajones y la puerta de su closet, quizá busca medicina él pobre diablo.

5:00 de la mañana fue cuando sonó mi despertador. Desperté con un dolor de cabeza espantoso, no lo pensé mucho y me levanté de la cama, me metí al baño, me di una ducha, me arregle, acomode mis cosas y tuve tiempo de ver el noticiario matutino durante algunos minutos. Dieron las 6 de la mañana y tomé mis cosas, abrí la puerta de mi habitación. En el pasillo me quedé contemplando la puerta de mi vecino, pensé que sería buen detalle preguntarle si necesitaba algo, luego me asaltó la idea de que estaría mal quitarle esos minutos de sueño, al fin de cuentas ambos tuvimos una mala noche. Bajé las escaleras y mientras me dirigía a la puerta escuché un sonido que me paralizó el corazón, era la puerta de la entrada, estaba siendo abierta por alguien. ¿Un ladrón? ¿a esta hora? No hice nada, el cerrojo estaba moviéndose, eso quería decir que alguien tenía copia de la llave de la casa. Entonces la puerta se abrió por completo y la luz del faro de la calle entró precipitadamente a la casa, detrás de esa luz una figura conocida. Mi roomie se encontraba en la puerta.

—Me quedé en casa de mi novia, tuvo un día difícil y decidí quedarme, me fui antes de que saliera para su trabajo. Perdón por no avisar, imagino tú ya te vas. —Dijo mientras entraba y dejaba la puerta abierta para que yo saliera.

Yo no me pude mover, no podía hacerlo, mi cuerpo no respondía, sin embargo, podía escuchar claramente los latidos de mi corazón.

—¿Qué pasa? —Preguntó extrañado.

No dije nada, él tampoco. Ambos escuchamos cómo la puerta de su habitación se abría lentamente para después cerrarse de manera violenta y ruidosa.

 

 

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