La mascara y el fuego

La mascara y el fuego

 

Este era un grupo de criaturas, con rostros deformes y apariencia cuestionable, ellas vivían cerca del fuego y por el fuego siempre se reunían, maravilladas estaban de su brillo y calor, lo veneraban y lo respetaban pero en el fondo les obsesionaba.

Pero algo pasaba cuando las criaturas se congregaban alrededor del fuego, podían verse unas a las otras, tal cual y como eran. Las criaturas no soportaban la imagen de sus semejantes, no aguantaban sus propias deformidades.

Las criaturas entonces decidieron usar mascaras cuando acudieran al fuego, así por lo menos no estarían al tanto de los deformes rostros que los rodeaban. Ellos usaron las mascaras por muchos años y por muchos más nunca se las quitaron. Se volvió algo tan habitual para ellas que ya no se tomaban la molestia de quitarse las mascaras, inclusive cuando ya no estuvieran cerca del fuego.

Fue tanto el tiempo que pasaron estas criaturas con el rostro cubierto, que llegaron a olvidar sus deformidades, sus horribles caras, las mascaras eran el nuevo rostro, las mascaras eran el nuevo yo, y eso estaba bien con las criaturas.

No fue sino hasta un día, cuando llego el invierno más cruel de todos. Un frio aire azotaba sin descanso y paso lo que nunca había pasado antes, el fuego se apago, se extinguió, el calor y la luz murieron. Las criaturas estaban aterradas, pero no fue solo eso lo que ocurrió, a partir de ese momento, sus mascaras se congelaban, se agrietaban y se rompían.

¿Qué paso cuando todas las mascaras se rompieron y revelaron los rostros ocultos de las criaturas por años?

No había caras, no había deformidades, había un gran vacío negro y profundo, donde una vez estuvo un rostro deforme pero que alguna vez fue real. Ahora solo había negrura, silencio y frío para siempre.

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