Las mentiras de Sofia

Las mentiras de Sofia

Era otra oscura noche, el niño tomo el alfiler y se pincho uno de sus pequeños y frágiles dedos, con la sangre que brotaba escribió la palabra HISTORIA en la pared.

El lobo que jugaba a ser sombra en la pared sonrió y rio gustoso y dijo lo siguiente:

-Un pacto fue hecho esta oscura noche, una historia contare entonces, para todas las criaturas que no decidieron cerrar los ojos en esta negra noche-


…Sofía era una niña de angelical aspecto, que vivía con su abuela en el pueblo que estaba cerca del rio. Sofía tenía apenas 8 años. Sofía disfrutaba de brincar y bailar, de reír y jugar, como cualquier otra niña de su corta edad. Pero lo que hacía diferente a Sofía del resto de los niños, era uno de los aspectos que más disgustaba a los habitantes del pueblo.

A Sofía le gustaba hablar y hablar, aunque la gente no quisiera escuchar, a Sofía le gustaba contar historias, dichos y fabulas. Pero ustedes se preguntaran “¿Qué puede tener de malo una singular historia que alegre el espíritu y aliente el corazón?”, pues es que Sofía contaba historias que iban en contra de todo lo que creía la gente, sus historias hablaban de otros dioses, se otros lugares, de otras costumbres, de otros lenguajes, de otras maneras, de otros vivos, de otros muertos, de otra sangre, de otras montañas, de otros pueblos, de otros ríos, de otros…y esto a la gente del pueblo no le agradaba en lo mas mínimo, ellos eran de corazones uniformes y fríos.

Ya varias veces los habitantes habían hablado con la abuela de Sofía, y esta les decía que la ignoraran, que solo eran cuentos de una pequeña, pero los habitantes le advertían que debía parar, que sus cuentos no eran más que puras tonterías y mentiras, que un día le traerían problemas y desdicha. Sofía no se detuvo con sus llamadas tonterías y mentiras, y al pasar los años la gente ya no toleraba sus pláticas que en un tiempo atrás soportaban con una fingida sonrisa, ya le reclamaban e inclusive le maldecían, “Vete con tus tonterías a otro lado Sofía” “Deja ya tus mentiras disfrazadas de cuentos niña ridícula”.

Sofía herida y humillada, corrió y corrió más allá del camino del rio, más allá de los prados, hasta toparse con el bosque del silencio, aquel extraño y singular lugar que todo ser vivo reusaba visitar. Sofía nublada por las lágrimas en ojos y alma, no le dio importancia y entro al susodicho bosque.

Entre llanto y llanto Sofía escucho una voz que provenía de un hombre que portaba una gran túnica negra que lo cubría completamente:

-¿Que pasa mi niña, porque tanto llanto y tan poca risa?- Le pregunto aquel sujeto que de negro vestía.

Sofía agobiada por el dolor y buscando consuelo, no dudo en confesarse ante el extraño de negros atuendos.

-Estaría encantado y honrado de escuchar una de tus tan famosas mentiras, niña Sofía- Le respondió entusiasmado el extraño

Sofía al ver tal disposición para sus historias, no dudo ni chisteo en contárselas al peculiar oyente que tenía frente. Sofía hablo y hablo, de muertos que volvían a la vida, de santos que comían y devoraban gente, de una luz que quemaba pero no protegía, de oscuridad que resguardaba del frio y la noche, de montañas que en la cima eran de oro puro, de lobos que hablaban y eran de fuego, de tierras gobernadas por el viento.

El extraño escucho atento durante horas a la pequeña, sin perder ni un solo detalle a cada palabra que emitía aquella criatura. Al finalizar el extraño le susurro a Sofía, directamente en su delicado oído:

-Yo sí creo en tus mentiras, Sofía-

Sofía con una sonrisa se levanto y corriendo se despido de aquel extraño. Camino y camino, sin perder esa sonrisa en su rostro, porque era la primera vez que alguien creía en sus historias que sonaban a mentiras.

Sofía llego a su pueblo a la mitad de la noche, abrió la puerta de su casa gritando frenética y gustosa el nombre de su abuela. Sofía encontró a su abuela en su habitación, cortada en 6 partes y repartida minuciosamente en su cama. Sofía profirió un grito con tintes de llanto y salió corriendo del cuarto solo para encontrarse con la gente que la había insultado.

-Hiciste muy mal en volver niña tonta- Le dijo aquel que comandaba a esa muchedumbre incrédula de sus historias.

Entonces ellos tomaron a la niña, la golpearon y la quebraron, la ahorcaron y muy temprano por la mañana la arrojaron al rio, para que la llevara lejos, muy lejos de ese pueblo.

El cuerpo de Sofía viajo y no se sumergió, floto y nunca se hundió. Llego hasta el bosque del silencio, donde un extraño con una túnica negra lo recogió. Lo limpio y vistió, lo llevo dentro del bosque, donde delicadamente lo deposito en uno de los arboles. Parecía y daba la impresión, de que Sofía solo dormía. Entonces el extraño volvió a acercarse al oídio de Sofía y le susurro:

-Yo sí creo en tus mentiras, Sofía-

El extraño se fue alejando, cuidando mucho sus pasos y tratando de no hacer ningún ruido, ya que era descortés y de muy mala educación, despertar a alguien cuando se encuentra dormido.

 

 

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