Una habitación llena de cosas…

Una habitación llena de cosas…

Días sin poder lavarme estas manchas de conciencia que impregnan mi piel.
Los olores y los sabores han sido remplazados por expresiones incoloras dentro de mi boca, y a pesar de que las ventanas están abiertas, no hay aire que circule por esta habitación.
Me he resistido ya durante muchos días a abrir la puerta resguardada por un ave de color negro, que solo me observa atento a mis movimientos, pero nunca me cuestiona ni me habla, eso me vuelve loco. Sabe que tengo que abrir la puerta, algún día, pero no me exige que la abra
Mi cama ahora tiene una representación perfecta de mi cuerpo hundido y de mi fragancia rota, ha sido mi único refugio y mi lugar de suplica. Los insectos que veo reflejados en mis ojos han sido testigos de mi llanto nocturno. Por estas ventanas no se asoma la luna, está llena de vergüenza.
Debajo de la puerta que custodia el ave negra, entra una pequeña fragancia, que no se parece al olor lejano que inunda esta habitación. El ave me observa incrédula como giro la perrilla de la puerta entre gritos ahogados. Detrás de la puerta se encuentra todo mi llanto y toda mi suplica concentrados en una imagen espectral. Mi propio reflejo solo asoma mi incredulidad y mi necedad, de seguir viendo con unos ojos llenos de una maldición que no es la mía pero que yo acepte grato como si fuera un bello y grandioso regalo.
Grito al mismo tiempo que el ave vuela en círculos a través de la habitación, el reflejo me reclama entre alaridos todo lo que no fue, y observo el nuevo regalo que tiene para mí, es lo que es, no es lo que fue, ni lo que será, ni lo que yo quería que fuera, su regalo es la muerte en forma de llave, para cerrar por siempre esta habitación.

[audio:http://cuartonegro.uno0uno.net/wp-content/uploads/2010/06/Ulver-06-Wild-Cat.mp3]

Días sin poder lavarme estas manchas de conciencia que impregnan mi piel.

Los olores y los sabores han sido remplazados por expresiones incoloras dentro de mi boca, y a pesar de que las ventanas están abiertas, no hay aire que circule por esta habitación.

Me he resistido ya durante muchos días a abrir la puerta resguardada por un ave de color negro, que solo me observa atento a mis movimientos, pero nunca me cuestiona, ni me habla, eso me vuelve loco. Sabe que tengo que abrir la puerta, algún día, pero no me exige que la abra.

Mi cama ahora tiene una representación perfecta de mi cuerpo hundido y de mi fragancia rota, ha sido mi único refugio y mi lugar de suplica. Los insectos que veo reflejados en mis ojos han sido testigos de mi llanto nocturno. Por estas ventanas no se asoma la luna porque está llena de vergüenza.

Debajo de la puerta que custodia el ave negra, entra una pequeña fragancia, que no se parece al olor lejano que inunda esta habitación. El ave me observa incrédula como giro la perilla de la puerta entre gritos ahogados. Detrás de la puerta se encuentra todo mi llanto y toda mi suplica concentrados en una imagen espectral. Mi propio reflejo solo asoma mi incredulidad y mi necedad, de seguir viendo con unos ojos llenos de una maldición que no es la mía pero que yo acepte grato como si fuera un bello y grandioso regalo.

Grito al mismo tiempo que el ave vuela en círculos a través de la habitación, el reflejo me reclama entre alaridos todo lo que no fue, y observo el nuevo regalo que tiene para mí, es lo que es, no es lo que fue, ni lo que será, ni lo que yo quería que fuera, su regalo es la muerte en forma de llave, para cerrar por siempre esta habitación.

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